lunes, 26 de mayo de 2014

Podemos y el impacto de las redes en la decisión de voto



En una interpretación rápida del resultado de las elecciones europeas en España, muchos –yo también- atribuyeron el inesperado éxito de Podemos a la presencia continuada de su líder en televisión, minusvalorando el papel de las redes sociales. Consciente de la fuerza de la gran pantalla, el propio candidato utilizó su imagen televisiva como recurso para captar votos, incluso estampando su cara, para que no hubiera dudas sobre su identidad, en las papeletas electorales.
  
Sin embargo, como bien me recordaron algunos amigos en Twitter –de nuevo las redes como terreno fértil de intercambio de ideas-, el líder de esta formación ha contado con mucha menos cobertura mediática global que otros candidatos de partidos tradicionales con lo que parece que su presencia en tertulias políticas no puede explicar, por sí sola, el éxito alcanzado. 

Además, si todo se explicara por sus colaboraciones en La Sexta, los partidos políticos con los que simpatizan o a los que pertenecen sus compañeros de tertulia habrían mejorado también sus resultados, y no ha sido el caso.

En un entorno multipantalla es difícil saber cuál de ellas –televisión, tablet, móvil- tiene más peso a la hora de difundir un mensaje, ya que se retroalimentan y solapan. Pero, teniendo en cuenta que hablamos de una formación nueva, con un reducido presupuesto para campaña y escasa exposición mediática -más allá de las apariciones televisivas de su líder- habrá que buscar en las redes alguna explicación del número de votos logrado. Por supuesto, hablamos solo desde el punto de vista de la comunicación, sin entrar en otras razones políticas o socio-económicas.

El peso de los distintos candidatos en Twitter nos puede dar alguna pista, visto el éxito de Podemos en esta plataforma en la que consiguió que los hashtags #podemos25M o #YovotoPodemos estuvieran en los primeros puestos de la lista de tendencias en España, el día de las elecciones.


En Facebook, el mismo Pablo Iglesias destacó el crecimiento alcanzado en número de seguidores.

Así que hay que preguntarse si, a pesar del tradicional escepticismo ante el poder de las redes para cambiar el signo de un voto, toca saludar a un nuevo tiempo para la comunicación política. Quizás, al hilo del ejemplo de Podemos, los equipos de campaña de los partidos abandonen de una vez la absurda práctica de abrir perfiles de sus candidatos poco antes de las elecciones para cerrarlos poco después.

Y puede que el rédito que parece haber obtenido de las redes digitales esta formación política, haga que las estrategias de desintermediación sean tomadas más en serio en otros ámbitos, como el de la comunicación corporativa.

Termino este texto con un interesante cuadro, elaborado por Gustavo Entrala justo después de las elecciones, que relaciona el número de votos obtenidos por cada partido con su número de seguidores en Twitter. Según su propio autor, el ejercicio viene a demostrar que los partidos pequeños tienen una base más movilizada en estos nuevos entornos de comunicación. ¿Avanzamos hacia un escenario de un tuit = un voto?.


Un último apunte: días después de las elecciones, las cuentas en Twitter de los candidatos de los partidos mayoritarios, Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano, permanecen inactivas. No son lectores de este blog, está claro.

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