Vaya por delante que no entiendo nada de fútbol ni de estos dos equipos que ayer se enfrentaron en la Copa del Rey. Creo que la última vez que les vi jugar contaban en sus filas con un jugador llamado Hugo Sánchez que, por aquel entonces, no sé si vestía la zamarra -me gusta esta palabra, adecuada en este contexto sólo por su contundencia física- blanca o rojiblanca.
Pero es difícil abstraerse a una pasión tan generalizada así que, azuzado por los gritos que llegaban desde la calle, conecté con el partido en sus últimos minutos. Jugadores pegándose, público lanzando objetos al campo y una parada meritoria del portero rojiblanco. Pitido final.
La agradable sorpresa llegó con las declaraciones de los entrenadores y el relato que subyacía en las palabras de cada uno de ellos. Por una parte, Simeone y su apelación al "nosotros" y al deporte como ejemplo para una sociedad aturdida; por otra, Mourinho y su centripetismo contumaz.
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| Simeone, tras la victoria de su equipo |
"Somos una esperanza. Con
nuestras herramientas, con nuestras posibilidades,
hemos podido darle pelea a grandes rivales. Y eso debe ser una
referencia para la gente, que trabaja y no le salen las cosas. Hay que
seguir, porque con trabajo y con compromiso las oportunidades aparecen".
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| Mourinho, ensimismado en la derrota |
"Una carrera son muchos años. Esta es la peor temporada de mi carrera,
que no es un título que no me alimenta a mi ni al Real Madrid. Con una
final, una semifinal, una segunda plaza y una Supercopa. Para mí es la
peor".
Por supuesto, no es lo mismo enfrentarse a los micrófonos después de una victoria que tras una derrota. Pero, en momentos tan duros, se agradecen palabras como las de Simeone que devuelven al deporte su función ejemplar, casi mítica, como inspirador ejemplo de superación.
Me parece un relato muy adecuado para los tiempos que vivimos y que es muy fácil compartir, aun desde la más lejana periferia de ese deporte. Un acierto desde el punto de vista de la comunicación corporativa que hay que apuntar en el haber del club rojiblanco. Su portavoz empatizó, no sólo con sus seguidores sino con el sentimiento de una sociedad que, en pleno naufragio, busca faros que marquen el camino.
Y es de agradecer que el deporte profesional, tan inútil si no fuera por el explosivo cóctel de emociones que provoca en el aficionado, aporte valor a la sociedad más allá del resultado final reflejado en un marcador. En la victoria y, quizás más, en la derrota.
Dicho esto, enhorabuena a mis amigos del Atleti y mucho ánimo a mis amigos del Real Madrid.







