sábado, 18 de mayo de 2013

Simeone y el relato inspirador del Atlético de Madrid

Vaya por delante que no entiendo nada de fútbol ni de estos dos equipos que ayer se enfrentaron en la Copa del Rey. Creo que la última vez que les vi jugar contaban en sus filas con un jugador llamado Hugo Sánchez que, por aquel entonces, no sé si vestía la zamarra -me gusta esta palabra, adecuada en este contexto sólo por su contundencia física- blanca o rojiblanca.

Pero es difícil abstraerse a una pasión tan generalizada así que, azuzado por los gritos que llegaban desde la calle, conecté con el partido en sus últimos minutos. Jugadores pegándose, público lanzando objetos al campo y una parada meritoria del portero rojiblanco. Pitido final.

La agradable sorpresa llegó con las declaraciones de los entrenadores y el relato que subyacía en las palabras de cada uno de ellos. Por una parte, Simeone y su apelación al "nosotros" y al deporte como ejemplo para una sociedad aturdida; por otra, Mourinho y su centripetismo contumaz.

Simeone, tras la victoria de su equipo
"Somos una esperanza. Con nuestras herramientas, con nuestras posibilidades, hemos podido darle pelea a grandes rivales. Y eso debe ser una referencia para la gente, que trabaja y no le salen las cosas. Hay que seguir, porque con trabajo y con compromiso las oportunidades aparecen". 



Mourinho, ensimismado en la derrota





"Una carrera son muchos años. Esta es la peor temporada de mi carrera, que no es un título que no me alimenta a mi ni al Real Madrid. Con una final, una semifinal, una segunda plaza y una Supercopa. Para mí es la peor".




Por supuesto, no es lo mismo enfrentarse a los micrófonos después de una victoria que tras una derrota. Pero, en momentos tan duros, se agradecen palabras como las de Simeone que devuelven al deporte su función ejemplar, casi mítica, como inspirador ejemplo de superación. 

Me parece un relato muy adecuado para los tiempos que vivimos y que es muy fácil compartir, aun desde la más lejana periferia de ese deporte. Un acierto desde el punto de vista de la comunicación corporativa que hay que apuntar en el haber del club rojiblanco. Su portavoz empatizó, no sólo con sus seguidores sino con el sentimiento de una sociedad que, en pleno naufragio, busca faros que marquen el camino. 

Y es de agradecer que el deporte profesional, tan inútil si no fuera por el explosivo cóctel de emociones que provoca en el aficionado, aporte valor a la sociedad más allá del resultado final reflejado en un marcador. En la victoria y, quizás más, en la derrota.

Dicho esto, enhorabuena a mis amigos del Atleti y mucho ánimo a mis amigos del Real Madrid.  
 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Payasos, equilibristas, magos...comunicadores


En esta realidad tan circense que nos rodea, comentar mi vieja vinculación al circo ya no resulta tan exótico como hace años. Hoy, todo hijo de vecino se ha acostumbrado a hacer equilibrios con sus gastos, volatines para confundir a sus acreedores o malabares con las tarjetas de crédito.

Las televisiones iluminan el centro de la pista donde involuntarios payasos realizan chuscas gracietas que causan tristeza entre un público cada vez más indignado ante tan lamentable espectáculo. 

Pero no nos pongamos meláncolicos que hoy este blog se adorna con rutilantes colores para compartir reflexiones y alguna sonrisa con sus lectores.

El Circo. Marc Chagall
Hace años, mi familia y yo hicimos nuestros pinitos en el circo, una disciplina artística, educativa y deportiva que defiendo desde entonces a capa y espada o, mejor dicho, a bocinazo y zapatón. De las gentes que conocí entonces guardo un inmejorable recuerdo cimentado en experiencias que no compartiré en este texto, en el que sí hablaré de su impacto sobre mi personalidad como comunicador.

Y es que, bajo la carpa, pude confirmar e interiorizar, a través de una actividad ajena a la comunicación corporativa, pequeñas certezas que configuran mi manera de entender esta profesión.

En fin, lanzo las mazas al aire y espero que ninguna caiga al suelo:

1.- Ante todo mucha calma. La mayor parte de las “grandes crisis” de comunicación de hoy son el papel que envolverá el bocadillo de un niño mañana. Aprendamos a relativizar el alcance de nuestra labor, importante sí; pero que no se la juega con cada titular que corona un breve en el periódico del día siguiente.  En funambulismo y comunicación, mejor fijar la vista en un punto lejano y avanzar con serenidad en esa dirección. Si centramos toda nuestra atención en cada pequeño paso que damos como si fuera el último, lo será. Además, ningún jefe enmarca un breve para decorar el despacho, reservan las alcayatas para las entrevistas a toda página.

2.- La sonrisa no está reñida con la profesionalidad. Las sonrisas transmiten seguridad al entorno y generan confianza entre los miembros del equipo, lo que sirve para reducir las posibilidades de error. 

Federico Fellini
Ya sé que nuestra disciplina siempre parece que debe justificarse por aquello de los intangibles y nos tenemos que poner muy solemnes para que nos tomen en serio y tal.. Pero pensemos en lo que hicieron con la economía mundial personas de voz engolada que anarbolaban tangibles certezas escritas en hojas de cálculo. Pensemos en sus rostros solemnes y lancemos una carcajada, si es que nos sale. No viene mal ser algo payasos, aunque sea manteniendo esa compostura de los clowns de cara blanca, autoritarios unas veces y maliciosos otras.

3.- Sólo no puedo; con amigos, sí. El diálogo abierto entre los miembros de una torre humana permite distribuir fuerzas y equilibrios para elevarla hasta el cielo, reduciendo los riesgos de que se venga abajo. Y si esta circunstancia se produce, no hay reproches porque todos aportaron lo que podían ofrecer a una estructura diseñada y aceptada por el grupo. En su versión postmoderna y más fría, esta frase de La Bola de Cristal encuentra su traducción en la fea palabra“transversalidad”.


4.- Mejor improvisar como Gila: nunca. No hay nada más triste que un gag improvisado que sólo provoca toses y murmullos en el patio de butacas. Sobre el escenario, nada se improvisa: si quieres tragar sables, repite el ejercicio hasta la extenuación; si quieres contar chistes, hazlo durante días delante del espejo y luego frente a tus familiares y amigos.

Un genio, también de la comunicación
Por muy bueno que seas, tienes que mecanizar los movimientos, los gestos, las palabras. Una respuesta incorrecta en una conversación telefónica con un periodista, por ejemplo, puede echar por tierra meses de trabajo de tus compañeros o variar el curso de la acción en Bolsa. 

Y da lo mismo que ese día hayas discutido con tu pareja o que arrastres un terrible dolor de cabeza por los excesos de la noche anterior.

Pensemos en ese gran payaso triste que fue Gila: siempre contaba los mismos chistes y de manera casi idéntica y, sin embargo, nunca fallaba.  En su caso, la genialidad de sus ideas daba paso a una mecanización para asegurar la eficacia en la ejecución. ¿El resultado?: JUA, JUA, JUA. 

Y si aún así hay que improvisar, mejor que ese momento nos pille entrenados y con los deberes hechos.



5.- El público no es sagrado. Ya casi nada lo es, así que no creo los stakeholders –internos o externos- lo sean, aunque alguno se lo pueda creer. Si nosotros somos algo más que “los chicos de la prensa”, ellos son bastante menos que dioses. Así que no hay que tener complejos a la hora de expresar propuestas atrevidas, que no siempre se amoldan al gusto general de los públicos, pero que surgen de la formación, creatividad y experiencia de un profesional de la comunicación.

Para el número del tartazo en la cara siempre hay tiempo, pero recordemos que Chaplin revolucionó el cine cuando dejó de tropezarse y lanzar pasteles en las comedias de Marck Sennett.

6.- Ojo con la colchoneta. Como hemos visto en el punto anterior, el riesgo puede convertir un espectáculo interesante en inolvidable, así que hay momentos en los que la mejor opción es jugarse el físico. Hay que atreverse, pero eso no significa estar dispuesto a suicidarse. Si tienes un plan “A” arriesgado, guarda otros planes, tantos como letras hay en el abecedario, con distintos grados de peligro. Y nunca, nunca olvidemos poner la colchoneta debajo del trapecio.  

Aunque lo habitual no sea bañarse en sangre cada mañana, creo que la comunicación es siempre de crisis, pues es obligación del profesional anticiparse al peor escenario posible. El ejemplo más extremo de crisis es la guerra y, por eso, en circunstancias críticas, siempre recuerdo un diálogo entre unos soldados que descendían en helicóptero tras las líneas enemigas, en la película Apocalypse Now, : 

-“¿Para qué os ponéis los cascos en el culo?”

- “Para evitar que nos vuelen las pelotas”.

Pues eso: asumamos riesgos, ya que en muchas ocasiones no existe otra opción, pero evitemos poner en peligro nuestras partes más sensibles o las de la organización para la que trabajamos.

7.- La cuarta pared está para echarla abajo. El diálogo con los espectadores hace que surjan elementos imprevistos que enriquecen el show. En su butaca, el público puede estar retorciéndose de ganas por demostrar su ingenio. Alentemos esa situación, permitamos que aflore ese talento generando un entorno de confianza. A veces debemos limitarnos a ser el hilo conductor del espectáculo de otros. Si todo va bien, es mucho trabajo el que nos podemos ahorrar mediante estrategias de desintermediación . Sí, me refiero al Social Media (zzZZZZ).

8.- Los buenos magos se guardan los trucos. Y los públicos agradecen que eso sea así para mantener la fascinación del momento en el que la paloma surge del sombrero o la cuchilla corta el pescuezo de la bella asistente. Sobre la translucidez frente a la transparencia ya hablé en relación a eso que llaman marca personal y yo prefiero denominar marco y me parece aplicable también a las compañías. Mi apuesta aquí es sencilla: translucidez inteligente, honesta y constructiva. Que no se rompa la magia y que no se ponga en peligro nuestro negocio o nómina.

9.- Emocionante, que no emocional. A ver, que no hemos inventado nada, que lo del storytelling es tan viejo como el fuego con el que se encendían las hogueras en las cuevas prehistóricas. Y como entonces, la clave está en captar la atención, con la diferencia de que ahora todo está lleno de personas portando antorchas para encender un fuego alrededor del cual contar sus propias historias. El reto es hacerse un hueco en un entorno en el que la abundancia de información genera pobreza en la atención.

El Circo. Joan Miró
Esta circunstancia obliga a plantear nuevas estrategias de comunicación y, en ellas, la emoción juega un papel esencial. Y cuando digo emoción me refiero a emocionante, no a emocional. 

Será la platea la que ría o llore al escuchar nuestra historia y la eficacia de ésta será mayor si se teje con hilos de racionalidad, utilizando redobles de tambor o presentaciones grandilocuentes, pero siempre respetando la inteligencia del público. Pocas cosas tan ridículas como la emoción impostada que provoca carcajadas involuntarias en el público. 

...Y allá va el último punto, que viene al pelo para no fastidiar la redondez de la decena, que me han dicho que así el post tiene más posibilidad de viralizarse en las redes .-). 

10.- La pistas múltiples no deben comprometer la unidad del espectáculo. Hay que decidir bien dónde situar a los malabaristas, en qué momento aparecerán los payasos o cuándo escupirá fuego el faquir. Utilicemos todos los recursos a nuestro alcance para satisfacer las expectativas de los públicos y las necesidades de nuestra organización, pero de forma ordenada para no aturdir. Somos nosotros los que tenemos que marcar los puntos de atención en cada momento. 

Movamos con sentido los focos porque lo transmediático no es una opción en estos tiempos confusos. Web, papel, móvil, tablet, palomas mensajeras, cartas, mails, televisión, radio, señales de humo, avionetas.. No descartemos nada y aprovechemos todo, sin perder de vista nuestros objetivos.

Incluso podemos sentarnos en una cafetería y conversar con una persona de carne y hueso, aunque ésta ya sería una opción a la desesperada. Que para eso somos avatares.



En recuerdo a los amigos y compañeros de la Escuela de Circo Carampa en especial a su antiguo director, Gonzalo Arias Martínez, al que tanto mi familia como yo estaremos eternamente agradecidos. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Bufé libre de periodismo que a todos deja con hambre



Hace días surgió la posibilidad de colaborar en un medio online que se mostró interesado por mi forma de escribir y por los contenidos que publico en este espacio.

En principio estoy abierto a este tipo de oportunidades, algo de lo que pueden dar fe medios como Ticbeat o Expansion.com. Los motivos para aceptar o proponer estas colaboraciones son diversos y van desde la amistad al compromiso personal y profesional con cuestiones muy relevantes para alguien que, como yo, se dedica a la comunicación. Por ejemplo, la defensa de la Prensa (incluso de la de papel) o la irrupción del llamado periodismo de marca como interesante oportunidad de trabajo para periodistas y comunicadores.

Otras webs especializadas en el ámbito en el que desarrollo mi actividad profesional, como media-tics.com, sitiocero.net o topcomunicacion.com, replican mis textos mediante el sencillo proceso de seleccionar lo que les gusta y reproducirlo, citándome. En el caso de Sitiocero.net la cita va más allá e incluso han elaborado una página de perfil diseñada con mucho cariño, algo que no extraña en una comunidad impulsada por alguien como el chileno Mauricio Tolosa, hasta donde sé, excelente comunicólogo y persona.

Siempre he agradecido a estos medios su interés y generosidad a la hora de ceder parte de su espacio a mis textos contribuyendo a difundir algunas de mis ocurrencias entre sus lectores. Lo que escribo en mi blog está a disposición de quien desee utilizarlo y sólo pido a cambio que se me reconozca la autoría.

Sin embargo, el caso que hoy comento es distinto, pues el medio trataba de imponerme temática, estilo y plazos de entrega de los textos. Me llamó la atención que, al comentar las características de la colaboración, aclararan: “No hay prevista ninguna retribución, pero tu firma tendrá mayor visibilidad”. He de confesar que, por momentos, mi ego me tentó para aceptar una propuesta que podía mejorar mi posicionamiento en Google :-) . 

Por fortuna, según fueron avanzando las conversaciones, me caí del caballo y ví la luz: decliné la oferta.


No era tan difícil. Yo no vivo del ejercicio del periodismo en medios de información y mis apariciones puntuales en ellos son gratuitas ya que las entiendo como una extensión o complemento de mi actividad profesional, unas veces, o de mis intereses personales, otras. No creo que eso afecte a ningún periodista porque el contenido y la intención de mis textos –que como he dicho, están en mi blog a disposición de quien los quiera utilizar- sólo tienen que ver con esta profesión en la medida en que, a veces, tratan de propiciar alguna reflexión sobre su futuro.

Entiendo que un ofrecimiento así puede suponer un “win to win” en casos como, por ejemplo, de profesionales desempleados que necesiten algún soporte en el que publicar para no ser eliminados de las agendas de los medios o, más importante, de las de sus fuentes. Esa visibilidad puede facilitar la búsqueda de nuevas oportunidades y comprendo que cada vez un mayor número de periodistas estén dispuestos a generar contenidos de manera gratuita. Cada uno decide sobre su hambre.

En lo que a mí respecta, no necesito más visibilidad de la que tengo y me puedo permitir renunciar a parte de ella si lo estimo oportuno.

Y a pesar de ello, sucede con cierta frecuencia que me cuesta decir que no a propuestas en las que vislumbro posibles chispazos de diversión en mis sinápsis neuronales. Pero aquí también intuía cierta mala conciencia futura a cuenta de la ausencia de retribución por un trabajo que debía realizar un periodista integrado en una redacción.


Contenidos que no se pagan pero se venden

Sirva esta anécdota personal para ilustrar una tendencia creciente de gratuidad en la producción de contenidos que destruye toda la cadena de valor de los medios y, llevada al extremo, condena al paro a muchos profesionales. Periodistas que exigen –o deberían hacerlo- una compensación económica por su dedicación, talento y capacidad obtenida tras años de dura formación y trabajo. Las asociaciones periodísticas llevan ya tiempo alertando sobre este hecho y nunca viene de más recordarlo.

Esta tendencia, además, choca con otra que parece indicar –por lo menos en EE.UU- que, en el futuro más próximo, el 90% de la información digital de calidad será de pago. De confirmarse esta deriva hacia el pago por contenidos en la red, se podría dar la paradoja de que se quedaran al margen del mercado de la compra/venta de contenidos precisamente sus productores directos.

Y esto, más pronto que tarde, también afectará a medios que se verán en serias dificultades para convencer a alguien -lectores, suscriptores, inversores publicitarios..- de la necesidad de pagar o financiar contenidos "low cost". Me temo que la calidad de éstos guardará relación directa con el precio pagado por su elaboración.

En conclusión, mi marca personal ha perdido una oportunidad de lograr mayor visibilidad pero mi persona se sigue mirando al espejo con toda la paz espiritual  que le permite la calvicie que la corona.

Porque creo que el trabajo de periodista tiene valor y también precio. En mi caso, además, este convencimiento es casi una obligación profesional ya que el devenir del Periodismo está muy ligado al de la Comunicación.