jueves, 28 de agosto de 2014

Twitter Analytics: Dime con quién andas y te diré quién eres.

El viejo refrán castellano adquiere un nuevo significado con el reciente lanzamiento de Twitter Analytics que, entre otros datos sobre nuestra actividad en esta red social, ofrece un retrato de los seguidores.

Decía Juan Carlos Onetti que la vida es uno mismo, y uno mismo son los otros así que os recomiendo explorar esta herramienta y saber cómo son esos otros que nos buscaron en las redes pensando que teníamos algo en común.

Esa información nos proporciona una nueva perspectiva sobre la imagen que proyectamos a los demás a través de nuestra huella digital. Y eso puede resultar útil para afinar nuestra marca personal en internet o, ¿por qué no?, conocernos un poco más a nosotros mismos.

martes, 19 de agosto de 2014

El periodismo que busca beneficiar a anunciantes no beneficia al periodismo ni a los anunciantes


Son tiempos muy duros para la profesión periodística, más vulnerable que nunca -en democracia, claro- a los intentos de manipulación. Las cuentas no cuadran, los viejos modelos de negocio no acaban de encontrar sustitutos rentables y, en los muros que separaban la redacciones de los departamentos comerciales, se abren cada día nuevas puertas.

En las empresas, ejecutivos de comunicación, marketing y publicidad –también aquí las fronteras entre estas áreas se han tornado más borrosas-  se frotan las manos imaginando titulares pactados que, de tanto uso, han vaciado de contenido el concepto de liderazgo. En el primer capítulo de mi libro, de reciente publicación, abordo este asunto a través de un relato de ficción con tono paródico.

Esta falta de independencia de los distintos poderes, ha sido destacada en un estudio europeo sobre la situación del periodismo, que se hace eco del informe anual de la Asociación de la Prensa de Madrid.

http://journalism.cmpf.eui.eu/maps/journalists-status/
Si cruzamos el Atlántico -pues esta situación es global- estos días se ha desvelado una información que afecta a la editora de Sports Illustrated, que ha despedido recientemente a 500 empleados. Según se afirma en Gawker.com entre los factores a tener en cuenta para decidir los despidos figura el beneficio que los anunciantes obtienen de los textos de cada redactor. La tabla que, según parece, utilizan para calificar a sus periodistas es esta:

Por todo ello, hay que repetir una vez más lo que debería ser obvio para cualquiera que se dedique a la comunicación y al periodismo: un medio sin credibilidad no sirve para construir la credibilidad de otros. 

Ante cualquier tentación de manipulación, creo que anunciantes y medios deben reflexionar sobre si los titulares halagüeños, y a menudo irrelevantes, de hoy pueden dejarnos sin los titulares que, como empresas y también como ciudadanos,  necesitaremos mañana.

lunes, 18 de agosto de 2014

El ébola y el peligroso virus del sensacionalismo

Cíclicamente nos enfrentamos a peligros que amenazan con destruir nuestra forma de vida y que van desde el botón rojo de la antigua URSS a los extraterrestre, pasando por la gripe aviar y, en estos días, el ébola. En esas circunstancias, la tentación del sensacionalismo en muy grande para los medios de información que, a duras penas, se pueden resistir a un titular de impacto, algo que forma parte del ADN del oficio.

Días atrás hemos visto como la activación de un protocolo sanitario, ante la sospecha de un caso de Ébola en España, ha pasado de ser la noticia más importante del día a ocupar un lugar más modesto, cuando las pruebas realizadas sobre el enfermo arrojaron resultados negativos.

Como asustado lector, ya manifesté a través de las redes sociales mis dudas sobre el tratamiento de la primera noticia, que encendía todas las alarmas de la ciudadanía, a raíz de la activación preventiva de un protocolo sanitario.


Y digo dudas porque me cuesta dibujar la línea que separa la información de interés público de la noticia que solo busca captar audiencia a través de titulares sobrecogedores. Otro difícil dilema para los periodistas, en cuya profesionalidad hay que confiar.

Sin embargo, en unos momentos tan difícil como los que vivimos, en los que la crisis económica está exacerbando actitudes racistas en Europa, los lectores debemos pedir a los medios que extremen sus controles de calidad para no contribuir a elevar aún más las vallas que nos separan del continente africano y sus gentes. Y no hay valla más alta que el miedo al otro.

Fotografía compartida en Twitter por Valentín García
Como recuerda en este artículo el doctor Adam C. Levine, "la verdadera tragedia del brote de ébola es que la mayoría de africanos no tiene acceso a los medicamentos, instalaciones y profesionales de los que disponemos en Occidente desde hace décadas, y que podrían haber evitado el descontrol de la epidemia".

La pobreza es el virus más peligroso que hay y, por desgracia, nadie está a salvo de él. Tampoco los que vivimos a este lado del estrecho de Gibraltar.

jueves, 14 de agosto de 2014

¡Albricias, este blog ya es influyente, quieren pagar por posts!

Resulta que un buen día recibo este correo en mi bandeja de entrada, en el que se me invita a publicar un texto en este blog a cambio de dinero.


Me decía Borja Adsuara en Twitter que el verdadero "prescriptor" es el que da su sincera opinión de algo y, si le pagan por ello, habrá dudas de que lo sea. Yo ni siquiera aspiro a ser prescriptor con lo cual no me vería afectado por esa limitación. Tampoco me atrevo a opinar sobre cómo se gana la vida el prójimo, y más en estos tiempos difíciles pero, mientras pueda, no quiero cocinar metanfetamina en este espacio. 

Agradezco el ofrecimiento de "patrocinio" porque eso significa que, gracias a sus lectores, este blog ha adquirido cierta relevancia que lo hace interesante para este tipo de campañas. Pero decliné la oferta porque yo escribo aquí para poner mis ideas en orden y, si se tercia, invitar a la reflexión de otros; para desahogarme sobre todo. 

Esa oferta es -y de ahí este post- una buena excusa para insistir en la necesidad de afilar nuestro sentido crítico hacia todo lo que leemos, también en internet. No sea que esa verdad incuestionable que pregona nuestro "influencer" de cabecera sea solo un reclamo comercial encubierto.  

Como decían en esa vieja serie de policías de los ochenta: "tengan cuidado ahí fuera".

lunes, 11 de agosto de 2014

Los muertos sobre cuyos restos jugarán los niños del futuro



No conocía el País Vasco. Alguna vez viajé allí, de forma fugaz, por motivos de trabajo, y poco más. Hace años, a causa del terrorismo, me asustaba recorrer esas tierras con mi familia y, pasado el tiempo y pasada –eso dicen- ETA, me ha costado elegir esa región como destino de vacaciones. La inercia del miedo, quizás.
 
Aunque era poco más que un adolescente por aquel entonces, aún recuerdo cómo retumbaron los cristales de la ventana de mi habitación por la explosión que causó la masacre de la Plaza de la Cruz Verde, en Madrid; o, años más tarde, el pánico provocado por el coche-bomba que los terroristas aparcaron junto a la casa de la que entonces era mi novia; o el miedo en los ojos de un amigo de la infancia que se alistó a la Guardia Civil y eligió como destino el País Vasco para poder mandar algo más de dinero a su madre sin saber que se iba a jugar la vida hasta en el más rutinario control de tráfico, o…¿Para qué seguir?, que levante la mano el madrileño, barcelonés, donostiarra, cacereño, vitoriano o alicantino que no haya sufrido, en mayor o menor medida, durante esos años negros, tan difíciles de explicar hoy a nuestros hijos.

El caso es que me decidí a llenar esa laguna en mi conocimiento de la geografía peninsular y, por fin, pude disfrutar de las gentes y paisajes de Euskadi. El viaje fue todo lo satisfactorio que uno pueda imaginar aunque, a ratos, me invadía cierta melancolía por todos los viajes que no hice a esta hermosa tierra por culpa de los que querían hacer crecer los frutos de su país regando las semillas con sangre de sus paisanos.

Quizás por eso, de todas las fotos de esos días, la que más me gusta es la que acompaña este texto y que retrata a un niño jugando en una de las playas de Zumaia, saltando sobre formaciones rocosas –los flysch- que dejan a la vista millones de años de la historia de la Tierra. 

Me gusta ver al chaval divirtiéndose sobre esos testimonios del pasado que, para él, se transforman en un barco que abordar, un islote con un tesoro por desenterrar o un edificio al que encaramarse para hacer alarde de súper poderes arácnidos. 

Y sueño con que, dentro de miles de años, todos los muertos de hoy, de ayer y de mañana; de España, de Siria, de Irak, de Nigeria o de Gaza, seremos polvo del terreno sobre el que jugarán los niños del futuro, ajenos al dolor de un pasado que les resultará tan incomprensible como el ordenador en el que hoy escribo este texto. Y eso, a ratos, me reconforta.