domingo, 27 de julio de 2014

La reputación on line mejora la flotabilidad de marcas y personas en tiempo de naufragios

La periodista Bárbara Yuste ha tenido la amabilidad de entrevistarme para elaborar una información, aparecida en Cuarto Poder, en la que da cuenta del lanzamiento de dos nuevos libros sobre Comunicación:  "Relaciones Públicas 2.1", de Cristina Aced, y mi "Comunicación Pop". Podéis acceder a esta suerte de diálogo entre sus autores, al que ha dado forma la periodista, haciendo click aquí. Os lo recomiendo, sobre todo, porque siempre es interesante leer a la gran profesional con la que comparto espacio.

http://www.cuartopoder.es/enlazandoredes/la-influencia-se-mide-al-peso-ni-por-el-numero-de-seguidores-en-redes-sociales/cristinaaced.com/
Y, a continuación y por si os interesa, tenéis el cuestionario íntegro que contesté a Bárbara del que, inevitablemente, se eliminaron pasajes para dar forma al texto definitivo publicado en Cuarto Poder.

¿Por qué es hoy tan importante gestionar nuestra reputación online? Y la de las empresas?

 En tiempos de naufragios la reputación, on y off line, mejora la flotabilidad de marcas y personas, las posibilidades de supervivencia de unas y otras. En el caso de las empresas, es claro que una buena reputación aumenta la confianza del consumidor y contribuye a fidelizarlo, si ya es cliente, o mejora las posibilidades de captarlo, si no lo es.



¿Crees que está magnificado el concepto de marca personal? Realmente, es tan necesaria construirla? 

Puede que se haya magnificado, como tantas cosas en esta sociedad “infoxicada”, pero me parece que es un elemento importante para incrementar las posibilidades de éxito profesional, incluso sentimental, en un tiempo en el que parece que la realidad viene definida por los resultados que arroja la caja de búsqueda de Google. Y, si es cierto que surgen dudas sobre su influencia real en la percepción que se puede tener sobre nosotros, no es menos cierto que no tener ninguna huella digital ya es, en sí mismo, un dato a tener en cuenta sobre nuestra personalidad, para bien y para mal. Especialmente en profesiones que tienen que ver con la comunicación.



¿Sobre qué pilares crees que debe construir hoy una empresa su plan de comunicación?

Los pilares no han cambiado demasiado o, si me permites seguir con el símil arquitectónico, no tanto como los sillares. Con esto quiero decir que los planes de comunicación persiguen el mismo objetivo de siempre, esto es: contribuir a la buena marcha de la compañía a través del valor que aportan decisiones estratégicas que buscan modular, en positivo, la percepción de los públicos sobre la empresa.



¿Qué ingredientes hacen falta para llevar a cabo una comunicación efectiva?

 Por resumir, y utilizando la primera letra de la palabra comunicación, voy a plantear tres ingredientes que, para mí son esenciales: 

  • Conocimiento de la teoría y práctica de la profesión, de la compañía en la que desarrollamos nuestra actividad, de las nuevas herramientas tecnológicas que nos permiten llegar a nuestros públicos, de éstos y sus necesidades de información, del entorno competitivo, etc..
  • Coraje para escapar de inercias que limitan las posibilidades de éxito de nuestras iniciativas de comunicación. También para asumir los errores que podamos cometer en esta ambiciosa apuesta por la innovación como vía para lograr la excelencia.
  • Confianza de la organización para la que trabajamos, sin cuyo apoyo y complicidad -otra "c"- será difícil aportar el valor que se espera de la comunicación.

¿Qué lugar ocupan los contenidos y la actividad en RRSS en ese plan o estrategia de comunicación?

 Un lugar clave, ya que permiten conjugar los verbos hablar y escuchar, que son la esencia de la comunicación o, si quieres, de la conversación.



Se subraya mucho la necesidad de que las empresas recurran a los "influencers" para ampliar sus mensajes, ¿cómo debe ser un influencer? ¿qué características le definen?

 Es éste otro término que puede estar algo magnificado y a veces me divierto ridiculizándolo. En todo caso, para comunicadores experimentados no es un fenómeno nuevo ya que nuestro trabajo siempre se ha apoyado en  el contacto con “influencers”, personas que cumplen la función de faros para señalar a otros el camino hacia la costa donde rompen las olas de nuestros intereses reputacionales. Lo que sucede es que esta figura también ha evolucionado a causa de los fenómenos de horizontalización que han surgido a raíz del tsunami causado por el desarrollo de herramientas tecnológicas de desintermediación.



Así, los clásicos “stakeholders” de la comunicación, fundamentalmente los periodistas y medios de información, han cedido protagonismo ante la capacidad potencial de cualquier persona para generar climas de opinión mediante el uso los soportes digitales de difusión de contenidos. Y, aunque aún se mantienen ciertas jerarquías –el periodismo sigue articulando gran parte de la conversación en redes, la televisión continúa fabricando modelos de comportamiento para buena parte de la sociedad..- la sorpresa puede saltar en cualquier momento y un “influencer” ocasional, incluso desconocido hasta ese momento, puede tumbar la más sólida estrategia de comunicación.



Por todo ello, desde mi punto de vista, las compañías debieran tratar a cualquiera de sus clientes como si fuera un “influencer” potencial que, con solo la presión de su dedo índice sobre la pantalla táctil de su smartphone, puede mejorar o dañar su reputación. De ahí que, aunque el liderazgo en la comunicación deba estar en manos de los profesionales  especializados, esta actividad debe impregnar, de manera transversal, todas las decisiones que tome la compañía.

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