martes, 12 de noviembre de 2013

España duerme bajo cartones en el portal de Europa



“Lo pasado es pasado; busquemos glorias para el porvenir. 
Ante todo y sobre todo más historia y menos leyenda, más crítica y menos poesía; 
cada cosa es de su lugar y tiempo; cuando a pensar, pensar; 
cuando a imaginar, imaginar”. 



La posibilidad de morir por una tuerca mal ajustada del destino no hace más divertido un viaje en avión. Después de leer, una vez más, las inútiles instrucciones de evacuación y el catálogo "duty-free, miro por la ventana. Hace un día claro.

Desde el aire, y quizás por la modorra, imagino que la geografía peninsular es una pila de cartones que cubre un cuerpo yacente en el portal de Europa. Una nación -quizás naciones, que esto va en gustos- que, borracha de ayer, sueña con un pasado que solo alcanzó perdurable gloria en la derrota. Una patria que se mueve inquieta, bajo el manto de campos resecos, intentando asir, en su delirio, la sombra de lo que apenas fue.


Intuyo, bajo un pliegue del terreno, el destello de esa irracional mirada que paraliza los badajos en los campanarios. Bajo su influjo secular, podría apagarse nuestra estrella y los girasoles seguirían buscándola, como siempre, en este cielo de estáticas nubes que dibujan manadas de toros blancos como aquel “Atrevido” que dio gloria a un torero ya muerto. 

Apenas audible por el estruendo de los motores, creo escuchar el bullicio que precede a lo que está por llegar, y me imagino que ese runrún del futuro llega también a los oídos de la patria desdentada. Entonces, ésta piensa en sus millones de hijos y esboza una sonrisa de perversa complacencia, pues sabe que ellos llevan en las venas su misma sangre cuajada de miedo. 

La sangre derramada durante siglos por los siervos de los que escribieron la Historia que se enseña aún en las escuelas. Compendio de hazañas que la vieja analfabeta canturrea cada noche, con flamenca melancolía, para poder conciliar el sueño. 

Interrumpe mis ensoñaciones una amable azafata: "¿Desea algo de beber, caballero?", me pregunta. "Sí, gracias -respondo-, póngame una botellita de vino...de vino español". 

Me la ofreció, pagué, miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

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