lunes, 8 de abril de 2013

El fracaso como modelo económico de éxito: De Karate Kid a Punset

“En España se medicaliza el fracaso”, dijo el médico de familia Enrique Gavilán en el programa de Salvados TV dedicado a la industria farmacéutica. Y el caso es que lejos de sorprender, esta afirmación se puede trasladar del armario donde guardamos el botiquín a otros ámbitos que han hecho de la frustración un modelo económico de éxito boyante. Otra paradoja más de estos tiempos confusos.


En las listas de libros más vendidos abundan manuales de autoayuda, guías espirituales, consejos para la transformación personal y profesional cuando no física, sentencias de sabios orientales que vaya usted a saber si han existido alguna vez..Líneas y líneas dedicadas a cómo superar las distintas crisis que nos acechan en un proceso que yo llamo de “Miyaguización” del discurso. ¿Recuerdan?: “Dar cera,pulir cera”.
 
Las redes sociales y sus limitaciones de caracteres se han convertido en terreno feraz para el aforismo trascendente y motivador. En ellas, aprendices de Lao-Tsé o -lo más habitual- el Pequeño Saltamontes, nos transmiten sus mensajes llenos de positivismo e impulso renovador.

Emprendimiento, reinvención, liderazgo, emoción, pasión..son palabras que salpican el discurso de los que nos exhortan a lanzarnos en pos de nuestros sueños, abandonando nuestro aburrido modelo vital en el que, con frecuencia, la máxima prioridad se reduce a dar de comer a nuestros hijos.

Pero hay que aspirar a más, como bien dice el escritor Paolo Cohelo en su cuenta de Twitter, seguida por 7,5 millones de personas en todo el mundo.

Y es que de eso se trata: de ser felices, y enfrentarnos a las adversidades con la valiente actitud que convirtió al ya desaparecido Randy Paush en un fenómeno planetario a partir del vídeo de una de sus conferencias, sobre cómo conseguir los sueños de la infancia, que ha sido visto por casi 16 millones de personas.

Grandes gurús del optimismo, carne de las Ted  Conferences, como Alex Rovira, que nos enseña cómo “realizarnos” trabajándonos nuestra propia suerte, o  Emilio Duró, nos dicen que nuestros problemas se reducen a la falta de pasión. Lo demás son fruslerías.


Personalidades como el “psicodramatista” argentino Jorge Bucay, nos conducen en sus libros a “la plenitud del ser humano, porque el camino hacia la realización personal es difícil y continuo». Mientras, otro ilustre porteño como Alejandro Jodorowsky, nos ofrece conjuros desde su cuenta de twitter (756.000 seguidores) para expandir nuestra felicidad. Para eso es “psicomago”.

Y por supuesto, Eduardo Punset, el gran Punset, que nos marca la ruta de nuestro viaje hacia el optimismo en uno de sus libros, todos ellos leídos y comprados por un multitudinario público deseoso de hallar clavos –aunque sean clavos ardiendo- a los que agarrarse para evitar ser arrastrados por esta sociedad en caída libre.

Por fortuna para un público ávido de alegria de vivir, sus genes “buenrollistas” se han transmitido a su  hija, Elsa Punset, que nos enseña a “manejarnos con éxito en el universo de las emociones”.

En fin, no sigo con esta ratahíla de maestros de la motivación porque sólo hay que teclear en Google algo así como los “mejores libros de autoayuda” para darse cuenta de que el logro de la felicidad es sencillo, ya que apenas nos exige gastarnos un dinerillo en la sección de novedades editoriales de nuestra gran superficie comercial favorita y dejar de ser nosotros mismos y nuestras circunstancias

Quizás, de estas dos condiciones, la última parezca la más complicada pero, teniendo en cuenta la crisis económica que padecemos y las previsiones de los expertos, no estoy tan seguro. 

Vaya, tanto mensaje esperanzador para terminar este texto con una frase tan pesimista. Soy incorregible. Eso me pasa por leer a Ramón Muñoz y su libro “España, destino tercer Mundo”.

Para remontar el ánimo y terminar a tope, os dejo con el grupo Multidimensión y su canción “Reinventarme”, que viene al pelo.

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