viernes, 7 de diciembre de 2012

Estado del Bienestuvo

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate"


Otro día más me despierto con la noticia de un amigo que se queda sin trabajo. En este caso, un excelente periodista y maestro de periodistas que se ve obligado a abandonar la universidad pública en la que, como tantos otros, estaba conformando el porvenir de nuestro país, cada vez más comprometido.

No en vano, entre todos hemos decidido tomar las tijeras para jugar con un papel en el que se dibujaba la silueta de un modo de vida que, hasta hace poco, considerábamos parte de nuestra identidad como ciudadanos. Eso que dimos en llamar Estado del Bienestar y que cada día que pasa es más Estado del Bienestuvo.

Los dedos que recortan -nuestros dedos- han decidido saltarse la línea de puntos y destrozar el texto que escribieron con esfuerzo distintas generaciones. 

Con su ziszás, la tijera llena de espacios vacíos el papel donde antes brillaban hermosas palabras como progreso, razón o mañana

Las letras sueltas que aún sobreviven al paso de las cuchillas afiladas se agrupan ahora en un único vocablo: miedo.

Y así, en esta España atemorizada, uno se levanta con una mala noticia como la que encabeza esta entrada y no puede evitar un sentimiento de alivio por no haber sido el afortunado en el último sorteo de tristeza. 

Mezquino sentimiento que desaparece cuando se mira alrededor y se comprueba cómo disminuye el número de acompañantes, también de los más dotados, en nuestra marcha colectiva hacia quién sabe dónde.

Y entonces llega la pena y el verdadero espanto porque camino sin caminantes con los que compartir el viaje no es camino, sino inútil herida abierta en el mapa, tierra antaño fértil que se torna en seca y absurda cicatriz. Inútil trazo en la cartografía del porvenir.