viernes, 24 de agosto de 2012

Nietos de una derrota, ¿abuelos de una victoria?


“Tu recuerdo, Anita mía, le da consuelo a mi pena
hasta que cambie algún día tus brazos por mi cadena”

Los versos que encabezan este texto fueron grabados por un preso, en un trozo de hueso pulido, para expresar su amor a la mujer que le esperaba fuera. El preso era mi abuelo y la mujer, mi abuela. Fue hace muchos años, en un país muy distinto a éste, un lugar devastado tras una guerra que acabó con la vida de cientos de miles de personas y mandó a otras muchas al exilio.

El delito de este hombre, como el de tantos de uno y otro bando, lo decidió el azar. En su caso, la mala fortuna le hizo residir en Madrid al estallar el conflicto, en la zona que ocupaban los que resultaron perdedores. Era enfermero y lo único que hizo durante la contienda fue correr de un sitio a otro recogiendo muertos y heridos en una desvencijada ambulancia que circulaba a toda velocidad entre las ruinas de una ciudad asediada.

Al finalizar la guerra, le señalaron como “rojo” y le condenaron a pasar una temporada en la cárcel, como represalia. Y allá se fue mi abuelo arrastrando su gótica estampa, una frágil arquitectura de huesos que a duras penas hallaban carne a la que agarrarse para sostener, en precario equilibro, a un español derrotado y hambriento.

Durante su estancia en la cárcel mi abuelo contrajo una tuberculosis de la que ya no se recuperaría y que, al poco tiempo, le mandaría a la tumba. 

Su hijo, que apenas era un adolescente, fue a recoger su cuerpo a una clínica situada en la sierra de Madrid. Para ello utilizó un pequeño camión que le prestó el dueño de la ebanistería en la que trabajaba como aprendiz. Mientras un compañero conducía, el joven que sería mi padre sujetaba como podía, en la parte trasera del vehículo, un féretro que se desplazaba en cada curva o saltaba en cada bache. Durante toda su vida, mi padre ha recordado el dolor producido por los golpes de la caja sobre sus rodillas.

También las noches que pasó en la cama del hospital junto a su padre agonizante, cuando éste le abrazaba susurrando el nombre de Ana. En su delirio, el hombre pensaba que entre sus brazos descansaba la mujer a la que tanto amaba. Sin embargo, para entonces mi abuela ya había muerto. La enfermedad de su marido y las penurias de la postguerra le rompieron el corazón y falleció de un infarto en una de las calles que los "vencedores" -qué absurdo adjetivo en una guerra en la que todos perdieron- engalanaban con banderas de nuevos colores.

Hoy he querido recuperar esta imagen y unos pasajes de mi historia familiar que mi padre ha compartido en distintas ocasiones conmigo y que yo siempre he escuchado con mal disimulada impaciencia. Pura cobardía, impulso de huida ante una tragedia que, aunque no pueda ser detectada por los científicos, creo que aún se halla latente en el código genético de muchos españoles, nietos de combatientes de uno y otro bando. 

Como esta España que tanto me duele, durante mucho tiempo he preferido mirar a otro lado y buscar excusas para no enfrentarme cara a cara con mi historia. Pero a cierta edad conviene dejar de engañarse y concluir que somos lo que fueron otros y seremos lo que otros tratarán de olvidar más adelante, si no hacemos algo para remediarlo.

Por eso creo que en estos momentos difíciles deberíamos trabajar, todos juntos, para que las generaciones del futuro se enorgullezcan de su pasado.

30 comentarios:

  1. gracias por compartir tus recuerdos

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  2. Pues tienes un aire a tu abuelo, eso no se puede negar.
    Yo también soy nieto de perdedor por parte de madre (condenado a muerte y luego a perpetua en el penal de Ocaña)e hijo de perdedor por parte de padre (consecuencia de ser el último hijo de un padre cincuentón, a la vuelta del exilio). Pero nunca quisieron contarme demasiadas cosas de esa época, ni uno ni otro. Y creo que hicieron bien.

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    1. Todos tenemos nuestra historia y en buena parte compartida..

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    2. YO SOY NIETA DE LOS SUPUESTOS VENCEDORES, PERO JUSTO DE LO QUE NUNCA OBTUVIERON NADA DE NADA, MAS QUE DOLOR Y MISERIA. NO CONFUNDAMOS A LOS QUE SE BENEFICIARON CON LO QUE PREPARÓ LA GUERRA Y CON SUS CONSECUENCIAS CON LA POBRE GENTE QUE, EN UN BANDO Y EN EL OTRO SOLO PADECIÓ LA INJUSTICIA.
      DE MI FAMILIA UNOS PERDIERON LA VIDA POR IR A MISA ANTES DE LA GUERRA Y OTROS PERDIERON EL TRABAJO POR DEFENDER A LOS MINEROS DESPUÉS DE LA SUPUESTA VICTORIA, SOLO GANARON LOS QUE SE FUERON, ANTES Y DESPUÉS CON LOS BOLSILLOS LLENOS, LOS QUE DEFENDÍAN ALGO, TODOS PERDIERON.

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    3. Coincidimos Paloma: todos perdieron. Todos perdimos

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  3. Totalmente de acuerdo. A mi abuelo no lo conoció mi madre porque le dieron "el paseo". Boticario en Toledo, su único delito fue ir a misa un 25 de julio de 1936. El 27 lo recogieron de una cuneta en la carretera. ¿Tengo algo yo de nieto de "vencedor"?

    Lo que mucho me temo es, que mientras la división les sea rentable para mantener el poder a unos y a otros, no nos van a dejar demostrar que los nietos de aquellos queremos ser recordados por ser "unos con otros".

    Gracias por tu artículo.

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    1. Vaya, un Vizconde!! Muy amable y muy certero tu comentario que comparto: "unos con otros"

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  4. Crudo pero sin resentimiento... que bueno.

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    1. He visto que lo compartiste en tu red, muchas gracias

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  5. Asumir la historia pasada, con transición incluida y protagonizar nuestro futuro con el perfeccionamiento de la democracia en España y en Europa, es mas que necesario imprescindible. Gracias por el relato.

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  6. Me ha gustado mucho tu artículo, cómo está escrito y lo que cuenta, el tono, con corazón y también con cabeza. Esa serenidad creo que hace falta hoy. Muchas gracias.

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  7. Tremenda historia y bien contada. Me recuerda la historia de mi abuelo, contada mil veces por mi madre, que vió como fusilaban a su padre en las tapias del cementerio del Este de Madrid después de un viaje agónico desde Aranjuez.

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    1. Gracias Manuel. Si quieres, comparte la historia en tus redes. Creo que se puede obtener alguna enseñanza de futuro. Estoy comprobando a raíz de su publicación cuántas historias compartidas tenemos los españoles..aunque a veces no lo parezca y los absurdos debates nos lo hagan olvidar. Abrazos.

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  8. Historia compartida españoles y no españoles, creo que es la historia de la humanidad. En la mía conviven ramas de emigrantes, abandonos, pérdidas y sueños más o menos cumplidos. Lo que sí heredé junto con todos los recuerdos y vivencias, son las ansias de luchar por los sueños. Es lo que nos ayudará a tirar para adelante.

    Gracias, David, por compartir tus recuerdos.

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  9. Conmovedora tu historia que agradezco la compartas conmigo. Vivimos una humanidad que ha superado muchos errores y debemos seguir superándolos diariamente para que nuestros nietos vivan una sociedad mejor.

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  10. Hace poco que he "descubierto" twitter y sus enlances, y no puedo quitarme la idea/el pensamiento/el sentimiento de lo que habría disfrutado mi abuelo tuiteando y dando caña y alternativas. El luchó toda su vida, en la guerra y después de la guerra, 16 años en el Penal de Burgos no le quitaron esa ilusión/desatino por cambiar las cosas, recuerdo que escribia al lado de las columnas del periódico sus comentarios: un lector crítico. Al leer tu relato y tus palabras: "Pura cobardía, impulso de huida ante una tragedia que,(...)creo que aún se halla latente en el código genético de muchos españoles, nietos de combatientes de uno y otro bando", me he sentido muy identificada y con cierto desasosiego: ¿podremos seguir huyendo? ¿transmitiremos esos genes a nuestros hijos?

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    1. Pues yo no estoy por la labor. Y creo que no nos lo podemos permitir si queremos que nuestros hijos sean mejores con nosotros. Besos

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  11. También tengo una historia parecida. Lo he visto en twitter y me ha gustado. Lo retuiteo. Escribes muy bien, da gusto.

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    1. Muchas gracias. Todo tenemos historias parecidas: quizás ser español sea eso..

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  12. Hola, David. Gracias por tu post, al que he accedido a través de twitter. Creo que es hora de que maduremos en España. Es necesario, imprescindible, que todos tengamos Memoria Histórica, porque solo la memoria nos servirá para recordar el horror y, de esta manera, evitar que se repita.
    Somos una Asociación que participa en una exhumación de 151 presos republicanos que fueron enterrados en Valdenoceda, en el norte de Burgos, un lugar en el que hubo una cárcel y en donde la gente moría, literalmente, de hambre. Sólo queremos recuperar la memoria de aquellas personas y que la gente sepa lo que pasó, porque lo que sucedió fue inhumano. No estamos uniendo aquel sufrimiento a ninguna proclama política, pero sí queremos que los españoles conozcan/conozcamos esa historia, porque no debe repetirse.
    Al mismo tiempo, estamos exhumando aquellos cuerpos, que fueron enterrados entre 1938 y 1943 en una parcela aledaña al cementerio. Y, gracias al Registro Civil del pueblo, tenemos los nombres de los presos, lo que nos permite localizar poco a poco a los descendientes, para realizar una prueba de ADN y devolver a las familias los restos de sus abuelos, para que descansen en paz en su pueblo, con sus abuelas.
    Para nosotros, es una cuestión de memoria (que nadie olvide el horror de la guerra entre hermanos), de dignidad y de respeto, sin rencor, sin odio.
    Gracias, David por el post. Seguimos buscando familias en @valdenoceda

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Espero que vuestra búsqueda -que a mí me parece una cuestión de pura humanidad- culmine con éxito. Abrazos.

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